jueves, 29 de julio de 2010

A LOS PIES DE JESUS

Hace unos días estaba escuchando una canción que canta Danilo Montero en una producción vieja, y Marco Barrientos en su producción "Levántate y Resplandece", llamada "Cristo, heme aquí". 

Me concentré mucho en la parte que dice "...déjame besar tus pies, déjame de ti beber..." 

Comencé a pensar: ¿quienes en la Palabra tuvieron la oportunidad de besar los pies de Jesús? 

Encontré 2 pasajes diferentes, y leyendo cada uno de ellos, sentí una tremenda presencia de Dios. Entonces entendí que el Espíritu Santo quería hablarme a través de esos pasajes. 

El primero es Lucas 7:36-50 y el otro es Juan 12:1-8 

Lucas 7:36-39 
Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 

Juan 12:1-8 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis. 

Ambos pasajes comienzan narrando que a Jesús lo habían invitado a comer a esas casas. Quiero decir algo: no es suficiente con que Jesús esté en nuestra casa; es necesario que le preparemos una cena donde podamos disfrutar con Él. 

En el oriente, cuando le cocinabas a alguien, le estabas diciendo que era tu amigo intimo, y que lo amabas mucho. 

Muchos tenemos a Cristo en nuestra casa (el corazón) pero no estamos cenando con Él, sino que lo tenemos como un invitado común y corriente... y que no lo echamos fuera de nuestra casa porque en un punto de nuestra alma sabemos que si Él no se encuentra, todo está perdido. 

¿Por qué digo lo anterior? Porque Jesús estaba en la casa de Simón el fariseo, y aunque comía con Jesús, no lo amaba. Es más, ese fariseo buscaba ocasión para acusar a Jesús. De eso nos damos cuenta cuando dice dentro de sí que Jesús no es un verdadero profeta, porque si lo fuera no se dejara tocar por aquella mujer. 

Tenemos a Cristo en el corazón, decimos que somos hijos de Dios, pero no nos sentamos a la mesa del Rey. 

Salmos 23:5 dice algo bien interesante: "Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando". 

El salmo 23 dice que Dios adereza la mesa para nosotros... pero ahora es el turno de nosotros de aderezar mesa al Maestro; porque preparar la mesa con la comida significa amistad. 

¿Y por qué es necesario hacer esto? Porque para entrar a un mayor nivel de intimidad con Jesús, debemos tratarlo como nuestro mejor amigo. 

Lucas 7:37-38 
Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 

La mujer tenía un frasco de alabastro con perfume, y lo primero que esta mujer hace es echarse sobre los pies de Jesús. Lloró sobre sus pies, los secaba con su pelo, los besaba y por último los ungió con el perfume. 

Juan 12:3 
Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 

María hizo los mismos pasos: primero ungió sus pies, y luego los enjugó con su pelo. 

Hay una serie de pasos para llegar a una intimidad mayor con Jesús, y el primer paso es cenar con el Maestro, tener una vida de amistad con Él. Pero el segundo paso es estar a Sus pies. Tanto aquella mujer como María estuvieron a los pies de Jesús, y estar ante los pies de alguien es símbolo de rendición. 

Esa mujer en Lucas lloró a los pies del Maestro. Es como si lo más importante para ella era estar a los pies de su Maestro. No había otro lugar, no había otro mejor momento, no había nada mejor para ella que estar a los pies de Jesús. 

Es que no hay otro lugar mejor que estar en la intimidad con Jesús, a solas. Muchas veces creemos que para tener una experiencia intima con Dios son necesarias las muchas palabras o las oraciones de 3 horas y media de duración, cuando, sencillamente, el estar ante los pies de Jesús y llorar sobre ellos causará un impacto tan grande en el corazón de Dios, que Él mismo se verá provocado a descender Su majestad hacia ti. 

Y es que nos afanamos tanto por los problemas o los planes ministeriales, que se nos olvida darnos nuestra vuelta por los pies del Maestro. 

¿Que es estar a los pies de Jesús? Rendirlo todo... ¿como lo rendimos todo? descansando en Él, entregándole todas las cosas a Él, dejando que sea Él quien viva por nosotros. 

Pero hay una cosa más que debemos hacer para entrar en esa bendita intimidad, en esa preciosa comunión con nuestro Dios. Tanto María como aquella mujer secaron los pies de Jesús con su pelo. Dios me ministró algo poderoso al respecto. 

Pablo dice que la honra de la mujer está en su pelo. ¿Sabes que hicieron ella? Tiraron su honra a los pies de Jesús. Arrojaron su reputación a los pies de Dios. Ellas se desprendieron de sí mismas; ya no les importaba lo que pensaran los demás, solo querían estar con su Cristo. 

Hasta que no nos deshagamos de nuestra reputación, y hasta que no le dejemos de dar importancia al qué dirán, no nos podremos rendir completamente; porque tendremos siempre esas estructuras en nuestra mente de que alguien no está viendo que quizás no esté de acuerdo con lo que yo haga, o me de vergüenza después. 

Es más, no hablamos lo que tenemos que hablar de parte de Dios porque nos importa demasiado lo que los hombres dicen de nosotros. Entonces ahí interviene un problema: si amas la gloria de los hombres, por defecto desecharás la gloria que proviene de Dios. 

Así como no puedes servirle a Dios y al dinero al mismo tiempo, tampoco le puedes servir a Dios y a la reputación delante de los hombres. ¿Por qué crees que Pedro negó a Jesús? Porque tuvo miedo de los hombres. 

¿Por qué crees que David era conforme al corazón de Dios y Saúl no? Porque cuando David pecó, le dijo a Dios: "Ah Señor Jehová, no quites de mi tu Santo Espíritu". Pero cuando Saúl pecó, le dijo a Samuel: "Esta bien, pequé, pero por favor, hónrame delante de los hombres". 

¿Qué factor determinó la respuesta de cada uno de ellos? Que uno amaba tanto al Señor que arrojó su reputación al piso.... el otro amaba más su reputación que al mismo Dios. 

Cuando vives una vida humillada delante de Dios, espera siempre que las personas se levanten a hablar en contra de ti. No porque necesariamente estés haciendo algo mal, sino que la envidia en las personas es despertada cuando uno sinceramente busca a Dios y obtiene Su favor, mientras que ellos no. 

Lucas 7:39 
Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 

Juan 12:4-6 
Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 

Ni Simón el fariseo, que era un conocedor de la ley, ni Judas Iscariote (quien era apóstol de Jesucristo) se gozaron con lo que sucedía, sino que solamente hablaron mal acerca de la situación. Hay personas que son tan duras de corazón que les dolerá y les dará rabia ver a otros metidos con Dios. 

Cuando somos los acusadores, adoptamos 2 posiciones diferentes: 

La primera que es la de Simón el fariseo: "Si Jesús fuera profeta, sabría que quien lo toca es una pecadora". En otras palabras, si Dios es Dios, sabe que esa persona que está delante de Él es indigna de recibir Su gracia, perdón y bendición. 

Le declaramos sobre esa persona una maldición y oraciones negativas, y si no tomamos la posición de Simón a la hora de atacar, tomamos la de Judas: "¿Por qué el perfume no fue vendido y dado a los pobres?". Y lo interesante es que la Biblia aclara que su verdadera intención era robar el dinero. 

¿Sabes qué significa esa segunda posición? 

"¿Por qué no usamos ese talento en otra cosa? ¿Por qué mejor no hace algo más productivo con lo que tiene?" Dando a denotar cierta preocupación, pero su intención es quitar a esa persona del medio para llevarse los beneficios. 

Me explico: ¿no has conocido casos donde unas personas recomiendan a otra hacer otras labores dentro de un empleo, supuestamente para que le vaya mejor a esa otra persona, pero en verdad la intención era quitar del medio a ese otro para salir beneficiado quien aconsejó? 

He visto eso en iglesias. Hay personas de ministerio de adoración que cuando otro quiere probar para cantar, le dicen que su ministerio es otro... Pero no se lo dicen para ayudar, sino para quitar a esa persona del medio y mantenerse ellos en la acción. 

Cuando uno se propone estar a la mesa con Jesús, nunca faltará una persona que envidie esa posición y quiera quitarte a ti del medio. 

Hablando sobre como tener una mayor intimidad como Jesús, habiamos enumerado unos pasos, los cuales eran: 

1 - Cenar con el Maestro, un símbolo de amistad 
2 - Estar a Sus pies, un símbolo de rendición 
3 - Amar más al Señor que nuestra reputación (humillarnos) 

No es lo mismo estar rendido que estar humillado. Rendirse es estar por debajo de alguien, pero humillarse es reconocer que el otro es mayor. Rendirse es darse por vencido, y sostenerte de alguien, en este caso, de Jesús, pero humillación no solo implica rendición, sino reconocimiento de que a aquel a quien te rindes es mayor que tú (Jesús), y que tú eres quien necesitas de Él, y no Él de ti. 

Cuando 2 países están peleando, y uno ve que está perdiendo, a veces uno opta por rendirse para preservar varias vidas. Pero en ese caso, rendirse no es sinónimo de humillarse y reconocer que necesita del otro país, ¿verdad que no? 

Hay personas que saben que necesitan a Jesús para sostenerse y seguir caminando (rendición), pero cuando Dios les manda a hacer algo, o a desprenderse de algo, o a reconocer que en una área están mal, no lo hacen (no hay humillación). 

Entonces, necesariamente, para que la rendición sea plena, debe haber humillación. Rendirme es no resistirme.... pero humillación es reconocer que soy pequeño y que necesito de Dios. 

1 - Amistad 
2 - Rendición 
3 - Humillación (lanzar la reputación al piso con tal de ganar a Cristo, al costo aún de perderlo todo) 

Ahora bien, hay un cuarto factor, que aunque lo nombre ahora, precede a los anteriores, y es el mayor, creo, y te permitirá seguir avanzando. 

4 - Amor 

Lucas 7:39-48 
Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 

Ahora, Jesús dice que al que mucho se le perdona, mucho ama. Te haré una pregunta: ¿cual pecado es mayor, fornicar o la mentira? Si respondiste que la fornicacion, estarías equivocado; y si me hubieras dicho que la mentira, también estarías equivocado. 

La paga del pecado (cualquier pecado) es muerte. Nosotros decimos que a veces un pecado es peor que el otro, porque tomamos como referencia las consecuencias físicas e inmediatas y por eso pensamos que la forniacion es peor (lo cual, en el sentido que acabo de mencionar, seria cierto). 

Sin embargo, Dios no nos ve en el presente, sino que nos ve en el futuro y Él sabe que ambos pecados, tanto mentira como fornicacion, nos llevará a una eternidad lejos de Su presencia. 

¿Por qué te digo esto? Jesús dijo: Al que mucho se le perdona, mucho ama. Jesús no quería decir con esto que esa mujer era mas pecadora que Simón el fariseo, sino que ella reconocía más sus pecados que el fariseo. Y como ella tenia una conciencia de pecado, ella se sentía más perdonada que cualquiera que estuviera al lado de ella. 

Jesús no habló en ese momento de la consecuencia eterna, sino de la consecuencia inmediata; y según la consecuencia inmediata, ella posiblemente era más pecadora que el fariseo. Pero desde el punto de vista de la consecuencia futura, ambos iban a ir al mismo sitio si no se arrepentían. 

Pero fue ese amor que la llevó a ella a llorar sobre los pies de Jesús, fue ese amor que hizo que ella los haya secado con su pelo. Es ese amor de agradecimiento que hizo que ella ungiera los pies de Jesús con perfume... ella tenia algo que a nosotros nos falta: agradecimiento por lo que Jesús hace por nosotros. 

Quizás nosotros nos enfocamos solo en las consecuencias inmediatas, pero Dios se concentra también en las consecuencias futuras. Quizás por eso es que perdemos ese primer amor, porque poco a poco olvidamos de donde Dios nos sacó y de que infierno nos libró. 

Fue ese amor que la impulsó a ir hacia donde Jesús; ese es el mismo amor que impulsó a Maria a hacerle una cena a Jesús y a ungirlo como lo hizo esa mujer de Lucas 7. Ella tuvo el honor de experimentar el perdón de sus pecados a los pies de Jesús. 

María tuvo el privilegio de adorar a Jesús a sus pies y todo comenzó con una cena... todo comenzó abriéndole las puertas de la amistad. Cuando hacemos eso, desatamos algo tan poderoso sobre nuestras vidas, que mira lo que ocurre: 

Mat 26:6-13 
Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso (el mismo sitio donde estuvo Maria, en Juan 12) vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? (no te parecen parecidas estas palabras a las de Judas:) Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. 

Es exactamente el mismo cuadro de Juan 12, y Jesús le ofrece una recompensa eterna a esta mujer que nadie se la pudo quitar: esto iba a permanecer eternamente, y su nombre seria recordado. Lo que ella hizo jamás sería borrado, libros se escribirían sobre este evento.... todo porque se atrevió a tener una amistad con Jesús, a rendirse, a humillarse y a amarlo. 

"Quien me confiesa delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre", dice el Señor. Cuando tienes una verdadera intimidad con Jesús, todo el mundo espiritual te conoce, tanto luz y tinieblas. 

Los de luz, los ángeles de Dios, para socorrerte, para ministrar junto a ti, para ayudarte en todo lo que Dios te encomienda. 

Los de tiniebla, el diablo y sus demonios también te conocerán, pero para temblar cuando llegues a un sitio, porque estará llegando una persona que está a los pies de Jesús y cuando estamos a los pies de Jesús, que es símbolo de humillación, la Biblia dice que Él nos exalta a lo sumo, y en esa exaltación somos llenos del Espíritu Santo y la autoridad de Dios y ningún diablo, ni demonio, ni espíritu inmundo, ni potestad maligna puede resistirse, porque quien llega es uno que está conectado con Cristo Jesús y la palabra de ese conectado con Jesús es respaldada por el mismo Señor. 

Cuando estamos a los pies de Jesús, tenemos todas las cosas bajo nuestros pies. Esa es la recompensa de estar a Sus pies. A los pies de Jesús toda deuda es perdonada y toda petición es oída y aceptada. 

¿Sabes que es mejor estar a los pies de Jesús, o estar recostado de su pecho y escuchar el latir de su corazón, que escuchar su voz? Escuchar la voz de una persona no significa necesariamente estar cerca de ella. Sin embargo, estar recostado en el pecho de Jesús, o a sus pies implica necesariamente estar cerca de Él. 

Escuchar la voz de Dios no garantiza santidad o entrega. Sin embargo, estar a sus pies si lo requieren. Si no hay entrega, no estás a sus pies. 

Jesús espera eso de nosotros. Escuchar Su voz es genial, pero estar a sus pies, o recostado en su pecho, es aun mucho mejor. ¿Sabes lo grandioso que es que conozcas la voluntad de Dios en tu vida sin siquiera Él tener que abrir la boca? Tan solo por escuchar el latir de Su corazón. 

Hay una canción de Marco Barrientos llamada "Te veo en tu trono" y tiene una parte que dice: "Porque hoy solo quiero estar en Tu Presencia y escuchar latir Tu corazón al decirme: te amo, te amo, mi hijo, te amo". 

Dios quiere que lleguemos a ese nivel y Dios nos llevará a ese nivel. 

Es tiempo de cambiar nuestra forma de adorar, y reconocer que sin amistad, sin rendición, sin humillación y sin amor, la adoración jamás será plena y nunca llegaremos a estar sentados en Su mesa. 

Dios quiere que le preparemos una cena, quiere sentarse con nosotros y disfrutar de una comida hecha por nuestra alabanza y adoración.



Pastor mateo Duca

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